Comunícate con nosotros escribiendo aquí

VENCIENDO EL TEMOR

Regularmente los padres tememos de lo que pueda sucederle a nuestros hijos, sentimos temor de que puedan perderse. Ese temor es natural.

La situación en que vivimos en estos tiempos es difícil, y con el simple hecho de encender la televisión, uno teme de lo que pueda sucederle a sus hijos.

Existen padres que inscriben a sus hijos en colegios cristianos por temor a que estos puedan perderse por el ambiente que les rodea. Pero, eso no está bien, porque nosotros como padres debemos enseñarles que son luz en las tinieblas.

Los padres debemos enseñarles a nuestros hijos que ellos son la luz del mundo. Pero, ¿Cómo vamos hacerlo si nosotros mismos le tenemos miedo a las tinieblas?

Tus hijos no se van a perder porque está escrito que si tú crees en el Señor serás salvo tú y tu casa. (Hechos 16:31).

La Palabra del señor también nos dice que los hijos que se han descarrilado volverán a los caminos del Señor. (Proverbios 22:6)

Cuando los hijos hacen cosas nuevas dan temores. Pero la Palabra de Dios en Jeremías 31: 15-17 dice: “Así ha dicho Jehová: Voz fue oída en Ramá, llanto y lloro amargo; Raquel que lamenta por sus hijos, y no quiso ser consolada acerca de sus hijos, porque perecieron. Así ha dicho Jehová: Reprime del llanto tu voz, y de las lágrimas tus ojos; porque salario hay para tu trabajo, dice Jehová, y volverán de la tierra del enemigo. Esperanza hay también para tu porvenir, dice Jehová, y los hijos volverán a su propia tierra.”

Las mujeres nacieron para ser madres de santos del Señor. Dios nunca ha pensado en darle la vida a un ser para que se pierda. Nunca ha pensado en que tu hijo sea un drogadicto, un alcohólico, una lesbiana o un homosexual. Él siempre tienes planes de bien para la vida de tus hijos. Dios siempre ha pensado que tú serás madre de un siervo o una sierva de Dios.

El plan de Dios para la vida de tus hijos nunca ha sido que se pierdan. En su Palabra está escrito que Él tiene planes de bien y no de mal para tu vida. Y con esa fe tienes que ver a tus hijos.

No debes de pensar ni de creer que tu hijo está perdido, debes de tener fe y creer que tu hijo es un santo, es un siervo de Dios y que tus ojos algún día lo verán, pero que tu fe ya lo mira.

No existen motivos para sentir temor de que tus hijos se pierdan. Si el Señor te salvó a ti, va hacerlo con tus hijos. Debes sacar ese miedo de tu corazón, y creerle al Señor por ellos.

Algunos tienen miedo de que sus hijos en Cristo se vallan a desviar, se vallan a enfriar, o se vallan a aburrir de Cristo, pero si Dios te rescato a ti no va dejar que tus hijos en Cristo se pierdan. Solamente cree por ellos .No tienes motivos para temer por tus hijos, ni preocuparte por si van a salir adelante en la vida o no. La Biblia dice que el justo deja por herederos a los hijos de sus hijos. (Proverbios 13:22) Así que debes de creerle al Señor que tendrás para ti, para tus hijos y para tus nietos. Tus hijos si van a salir adelante, solo debes creerlo y empezar a verlo en la fe antes de tenerlo.

Si tú eres una hija justo de Dios no tienes de que temer. Las riquezas no son cuestión de suerte. La prosperidad no es asunto de que Dios decidió darle a unos y dejar miserables a los demás. Debes de creer que has sido justificado delante de Dios con la sangre de Cristo y que Dios te da los principios para que salgas a delante y seas un hombre justo. Entonces tus hijos saldrán adelante y tendrán un gran porvenir y un gran futuro. Pero debes de creerlo primero.

El problema con el que cuenta la mayor parte de personas es que quiere creer hasta que lo ve de una manera tangible, y eso ya no es fe, fe es creer sin ver y vivir como si uno está creyendo eso. Las cosas existen si tú las puedes ver. Si tú puedes ver con la fe, verás una generación próspera del Señor en tus hijos y en tus nietos.

Otro temor que tenemos hacia nuestros hijos es con quién se van a casar. La Biblia dice que herencia de Jehová es la mujer prudente. (Proverbios 19:14) Dios tiene para tus hijos y para tus hijas un hombre y una mujer de Dios. Pero… ¿qué pasa cuando tú estás viendo que tus hijos o hijas van a unirse en yugo desigual con alguien y tú estas feliz y de acuerdo? Le estas diciendo a Dios que nos has creído que Él tiene un siervo de Dios para ellos.

Hay esperanza para tu vida y la de tus hijos. No debes de temer por el futuro de tus hijos porque son hombres y mujeres prósperos del Señor. Debes creer que tienes el favor y la gracia de Dios, que eres un hombre justo que heredara a sus hijos. Debes renovar tu mente con la Palabra de Dios. Debes creer que puedes ser próspero.

Cuando Pedro comenzó a caminar sobre el agua, la tormenta ya estaba allí, sólo que él no se había dado cuenta. Cuando él se percató de la tormenta se hundió. La diferencia cuando camino sobre el agua y cuando se hundió es la manera en la que vio las cosas.

La manera de ver las cosas es lo que trae el miedo y hace que la gente se hunda. Las cosas como tales no traen el miedo, sino lo que tú piensas.

En la parábola de los talentos un hombre enterró el talento argumentando que tuvo miedo. El miedo que usted tiene de que sus hijos salgan adelante es el peor enemigo para que lo hagan.

Acepta tus temores y véncelos. Si tú tienes temor por tus hijos, no les estas dando el ingrediente de la fe para que salgan a delante.

Las mujeres son más valientes de lo que creen. Dan a luz hijos y durante el día del parto tienen valor y son fuertes.

Tú tienes la decisión de ser valiente por tus hijos, tu eres quien le debe creer a Dios para abrir brecha a tus hijos. Debes vivir confiando de que tus hijos están en las manos de Dios y que tendrán un gran provenir y un gran futuro.

Ninguno de nosotros puede darse el lujo de permitirle la entrada al enemigo en nuestras vidas. Todo lo que Satanás necesita para hostigarnos es una oportunidad. La oración y la Palabra de Dios son las armas más efectivas que tenemos contra el temor.

Cuando reconocemos ante el Señor que somos presa del temor y le imploramos su protección y dirección, asumimos una postura de fe.

El temor es, en sí, una decisión. Me sorprende ver cuántas personas me dicen que tienen temor de haber cometido el pecado imperdonable. Pese a que la sangre de Jesucristo los limpia de todo pecado, siguen rodeados de una incredulidad persistente. Por lo general se reduce a que se sienten culpables de algún pecado, ya sea pasado o presente.

Es entonces cuando les recuerdo 1 Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad". Dios nos perdona cuando nos acercamos a Él en oración humilde buscando su perdón.

Si una persona insiste en seguir creyendo en un concepto falso del temor, lo más probable es que su vida esté saturada de temor. Jamás habrá un momento cuando tengamos que preocuparnos de que Dios nos perdone o no. Todo pecado –todo lo que jamás hayamos cometido– ha sido perdonado por su gracia mediante la obediencia de su Hijo en el Calvario. El Señor Jesús murió a fin de que nosotros podamos tener vida eterna. El nos ha dado libertad y no hay necesidad de vivir en pecado o temor.

En el libro “La sensación de ser alguien", el autor Mauricio Wagner escribe: “El temor paraliza la mente haciéndonos incapaces de pensar con claridad. El temor de gran magnitud desorganiza la mente temporalmente al grado de que la confusión llega a imperar.

El temor tiene también la tendencia de multiplicarse; cuando tenemos temor quedamos inutilizados al grado de que llegamos a temer de nuestros temores. No podemos hacer frente a los problemas cuando tenemos temor de ellos.

“Se necesita fe para doblegar el problema del temor. Es imposible vencer el temor sintiéndonos culpables de esa emoción. En ninguna parte de la Biblia encontramos que Dios condene a una persona por tener temor; en cambio, Él constantemente alienta a los que temen con declaraciones como: No temas, porque yo estoy contigo (Isaías 41:10). Cuando tenemos temor nos sentimos solos con nuestros problemas y estamos abrumados por ellos.

La fe acepta el hecho de que el problema es demasiado grande para nosotros y también el hecho de que no estamos solos con él; tenemos a Dios con nosotros".

En Lucas 4:18 el Señor Jesús dijo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos". Una de las funciones de Cristo como Mesías es traer libertad de la opresión. Cualquier cosa que nos mantenga cautivos debe soltarnos de sus garras cuando le ordenamos que lo haga en el nombre de Jesucristo.

El pecado, o cualquier esclavitud emocional, no puede gobernar nuestra vida. El único poder que el pecado tiene sobre ella es el que nosotros le concedamos; o sea, que se trata de lo que nosotros decidamos hacer. Podemos tomar la decisión de pecar y rechazar el plan de Dios para nuestra vida o podemos elegir seguir a Cristo en obediencia. No hemos sido destinados para ser pecadores ni hemos nacido a una vida de temor.

La duda contribuye poderosamente al temor. Cuando dudamos de la habilidad de Dios para mantenernos y suplir nuestras necesidades, tenemos temor. Muchos han adoptado el punto de vista de que el hombre es el centro del universo y que todo lo que ocurre debe ser controlado por él. No obstante, la necesidad de estar a cargo de nuestro propio destino tiene un gran defecto.

Nosotros no somos todopoderosos ni podemos evitar que acontezcan ciertos eventos, solo Dios es soberano. En última instancia Él es la única fuente de nuestra seguridad.

Puesto que nos hemos sugestionado para creer en la mentira de que separados de Dios somos auto-suficientes, el temor impera en nuestras mentes sin control alguno. En lugar de tornarse a Dios en oraci"n, nuestras mentes andan a la deriva, de un problema imaginario a otro.

Intentamos arreglar todo y terminamos exhaustos espiritual y emocionalmente.
Satanás se complace en hacer que andemos corriendo emocionalmente. Él toma medidas extremas con tal de lograr que nos imaginemos todo tipo de cosas o situaciones. La mayoría de nosotros sabemos lo que es pasarnos una noche en vela debido a pensamientos o preocupaciones que se convierten en temores.

Un solo pensamiento puede multiplicarse y crecer mil veces si es regado por las mentiras del enemigo. Su principal objetivo es hacer que dejemos de confiar en Dios. Una vez que logra que lo hagamos, él nos despoja de toda sensación de paz y esperanza; comenzamos a dudar de las promesas de Dios y antes que nos demos cuenta el temor ha erigido toda una fortaleza en nuestra vida.

Si deseas Consejería Personal, Capacitación, Talleres, Seminarios o invitar a la Dra. Tere Alducin a dar Conferencias da click.